No tengo razones de justificar nada mi querido Diario.
Ya creo que te había pedido disculpas por no haberte escrito antes y con la frecuencia que te merecés. Quizá fue que me había cansado de escribir cosas tristes que no me llevaban a ningún lado. Mi soberbia existencialista no tenía ningún rumbo.
Pero volví. ¡Y de que forma!
Siempre sentí que estabas a mi lado para contarte mis fantasmas, por ahí tuve la leve esperanza de que no siempre fuese así pero nunca imaginé poder contarte todo lo que estoy viviendo ahora.
Y si, acá estoy. Feliz. Cómo explicarlo.
Quizás gasté demasiadas energías en diagnosticar mis miserias y no me preocupes en ver de qué forma podía salir de pozo.
Ahora ya estoy en en aire y no puedo más que agradecer.
No lo puedo creer. estar volando, en paz, sin miedos, con una adrenalina que vibra en todo momento. Todo el santo día de la misma forma. Volando. Sin control aparente de nada pero en realidad, con la tranquilidad de saber que llegué, que por fin estoy donde siempre quise estar.
Cómo explicartelo. Quizás me tendrías que mirar. La mirada seguro me delate.
Estoy más allá de todo. Feliz.
Ojalá que cuando El me vuelva a ver, con una sola mirada pueda contarte todo esto que me pasa.
Gracias.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
